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Cuando el alumno está listo, el maestro aparece II Iorwerth Cosas {Flashback}

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Cuando el alumno está listo, el maestro aparece II Iorwerth Cosas {Flashback}

Mensaje por Jane L. Penderwick el Jue Jun 01, 2017 11:09 am

Noviembre del año 2010
Oficina de Aurores

No podía recordar muchas ocasiones en las que se hubiese sentido como en esos momentos. Tal vez el día en que recibió su carta de admisión a Hogwarts o cuando voló en escoba por primera vez. Felicidad y emoción absoluta. Jane Penderwick se sentía invencible.

Los últimos días habían sido una verdadera locura. Aprobar los EXTASIS con las calificaciones requeridas para convertirse en Auror era una cosa, pero la inteligencia o la buena memoria no era lo único que se tomaba en cuenta ni tampoco lo más importante. Antes de haber sido oficialmente admitida para iniciar su formación, había tenido que someterse a un montón de pruebas de diferente índole. Primero le habían hecho varios tests psicológicos, luego exámenes de salud y finalmente pruebas físicas que le habían dejado el cuerpo adolorido por varios días. Al parecer todo se controlaba con sumo detalle y cuidado; que si tenías alguna fobia, alguna alergia, alguna adicción, alguna tendencia en particular… Jane no sabía qué esperaban exactamente de ella, pero supuso que lo mejor sería simplemente responder con honestidad y eso fue lo que hizo.

Luego de haber cumplido con todos esos trámites y estando ya segura de que poseía el perfil que buscaban para iniciar la carrera, empezaron a bombardearla con información. Todo era tan diferente a Hogwarts que muchas veces se sintió perdida. Había estado en un montón de lugares nuevos llenos de caras desconocidas y tuvo que hacer un gran esfuerzo por lograr asimilarlo todo y no dejar escapar detalles importantes. Pero allí estaba, lo había conseguido. Había sobrepasado cada obstáculo, cada barrera y cada prueba y si había logrado todo aquello era porque se lo merecía, ¿a que sí? Le habían informado bien acerca de cómo funcionaba el entrenamiento de Aurores con su sistema de mentores, y ahora por fin conocería al suyo. Se sentía otra vez como una niña en vísperas de Navidad.

Caminaba por un pasillo del Ministerio -uno de los tantos que no había recorrido aún- siguiendo a un encargado de la oficina de Aurores. Era un tipo joven, todo pulcro y prolijo y de semblante serio. Mientras avanzaba por delante de Jane le iba dando pequeños datos sobre cosas como el primer Auror que caminó por ese pasillo o la antigüedad del edificio del Ministerio. Jane estaba demasiado emocionada como para prestar mucha atención a lo que le decía. Iba mirando a su alrededor con los ojos bien abiertos, como si los estuviese usando por primera vez en su vida, y a ratos se quedaba bastante atrás. En un punto del largo pasillo las paredes empezaron a verse adornadas con varios retratos. Jane iba mirándolos más de cerca a medida que pasaba por su lado, y se dio cuenta de que mostraban fotografías de los Aurores graduados según su año. 1998, 1999, 2000…

-…y en caso extremo se puede solicitar un cambio de mentor, aunque eso no es algo que ocurra con frecuencia -le iba diciendo el encargado mientras Jane pasaba frente a una placa del año 2004-. Por supuesto que no creo que ese vaya a ser su caso, señorita Penderwick. Después de todo, no a cualquiera se le asigna como mentor a Iorwerth Cosmas.
El nombre llegó a sus oídos al mismo tiempo en que sus ojos daban con él en la placa, justo antes de subir la mirada hacia el retrato. Era él. Jane se detuvo en seco y si su mandíbula no hubiese estado conectada al resto de su cráneo, probablemente se le hubiese caído al suelo. Al darse cuenta de que la chica ya no lo seguía, el encargado se dio media vuelta.

-¿Sucede algo?
-¿Iorwerth Cosmas? -Jane lo miró tan asombrada como incrédula-. ¿Este Iorwerth Cosmas? -repitió apuntando al retrato con el dedo índice.
-No encontrará otro igual -algo parecido a una sonrisa orgullosa se dibujó en los labios del joven.
-No puedo creerlo. ¡Esto está de puta madre! -volvió a mirar el retrato y sus ojos brillaron con ilusión al recordar aquel día, hace ya un par de años, en el que decidió que se convertiría en Auror. El encargado carraspeó incómodo y cuando Jane volvió a mirarlo notó su entrecejo levemente fruncido. Oh… el protocolo, Jane, recuerda el protocolo. Tarde o temprano tendría que deshacerse de esa mala costumbre de usar palabrotas cuando estaba emocionada, pero es que no conocía una forma mejor de expresarse en situaciones como esa.

-¡Yo lo conozco!
-No me sorprendería que lo hiciera -el encargado continuó con voz monótona-. Es uno de los mejores Aurores que tenemos en nuestras filas y es común que su nombre aparezca en los medios.
-No, no me refiero a eso, no lo he visto en el periódico, ¡lo he visto en persona! ¡En Hogwarts! -qué frustrante era que otras personas no entendieran tu emoción. El joven no parecía impresionado.
-Señorita Penderwick, le ruego que continuemos, no hay tiempo que perder.
-Joder, este tiene que ser el mejor día de mi vida -sentía que nada ni nadie podría quitarle la sonrisa del rostro, pero cuando el encargado siguió dándole datos acerca de su mentor, su expresión fue cambiando poco a poco.

Para entonces ya se encontraban frente a una puerta de madera oscura y Jane sabía dos cosas: que Iorwerth Cosmas no era una persona con la que fuese fácil tratar, y que ahora ya no se sentía como si hubiese ganado la lotería, sino como si fuese un animal que va de camino al matadero.
-No se ponga nerviosa, señorita Penderwick. Una vez que conozca bien a Cosmas… bueno… -la frase quedó en el aire y Jane sintió una mirada de lástima sobre ella.
-¿Nerviosa, yo? ¡Ja! ¿Por qué iba a estar nerviosa? -se cruzó de brazos con fingida confianza y una forzada sonrisa de suficiencia, pues lo cierto era que sí le habían entrado los nervios. El encargado simplemente negó con la cabeza y le dio unas palmaditas en la espalda.
-Buena suerte.
-Gracias, Frederick -le respondió la chica y obtuvo una mirada furibunda como respuesta.
-Me llamo Francis.

Finalmente abrió la puerta y le permitió el paso. Tan pronto como Jane estuvo adentro volvió a cerrarla y desapareció por donde había venido, dejándola sola y con una sensación extraña en el estómago. No sabía si eran mariposas o una estampida de elefantes lo que sentía. La sala estaba vacía. Había un gran escritorio, unas sillas y varios muebles llenos de objetos curiosos que rápidamente se dispuso a observar con interés. Suponía que Iorwerth Cosmas se aparecería por allí en cualquier momento. ¿Sería tan terrible como lo habían pintado?



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Re: Cuando el alumno está listo, el maestro aparece II Iorwerth Cosas {Flashback}

Mensaje por Iorwerth Cosmas el Jue Jun 01, 2017 11:12 am

Iorwerth Alexander Cosmas era un nombre bastante reconocido dentro del Ministerio de la Magia para el año 2010, aunque aún no tanto como lo sería el año 2012, cuando recibiera el Premio de la Orden de Merlín Segunda Clase tras las muchas intensas y efectivas redadas y emboscadas de las que él mismo sería el cerebro y la persona que las llevaría a cabo.

Sin embargo, no sólo maravillas se hablaban de Iorwerth Cosmas. Él era un hombre de carácter agrio y duro, alguien que no sabía de sutilezas, aun cuando en esa época supiese un poco más de risas de lo que lo haría en un período más reciente. Cosmas, como le llamaban en la mayoría de los lugares debido a lo complejo que inicialmente pudiese resultar su nombre, era conocido por su hosquedad; era el auror perfecto para casos peligrosos, pero pésimo cuando se trataba de comunicar malas noticias a familiares que esperaban alguna respuesta. Muchos decían que carecía de sentido ético, aunque más de alguna vez había demostrado tenerlo, pero aún llegaba a resultar algo difícil de ver.

Ya antes había tenido un par de discípulos, aunque hasta ese momento ninguno había sobrevivido a sus exigencias, por decirlo de alguna manera. Cosmas enseñaba del método duro y práctico, sabía que un auror enfrentaría el peligro de manera diaria y que en el Mundo exterior no contarían con sus madres, ni profesores para protegerles, así que los lanzaba a la boca de los leones sin miramientos, y si acaso no había leones alrededor, él mismo se encargaba de convertirse en uno de ellos. Sin embargo, una vez que los aprendices que habían comenzado con él salían a la calle, habían demostrado ser los mejores preparados para tareas peligrosas, por lo cual todo el departamento parecía estar expectante de ver por fin algún aprendiz que se quedase con él por todo su entrenamiento, ya que grandes cosas se esperaban de él.

Iorwerth Cosmas era prácticamente el único auror que contaba con oficina propia y es que al irlandés no se le daba demasiado bien el socializar, especialmente cuando se trataba de las horas de trabajo en donde deseaba que mejor le dejasen tranquilo para así poder planear sus estrategias y resolver coartadas ajenas.

Su oficina era una sala bastante amplia, en dónde él mismo tenía una colección personal de objetos curiosos y malditos. No había fotografías ni retratos, pero sí tenía una muralla tapizada de carteles con magos tenebrosos de “Se busca” del Ministerio de la Magia y la gran mayoría de ellos estaba atravesado por un gran sello rojo que recitaba la palabra “Azkaban”. La inmobiliaria era bastante sobria, aunque sencilla y de cierto modo rústica, pero sí había algo que realmente llamaba la atención de aquella oficina es que debía de estar insonorizada, porque una vez que se cerraba la puerta, no se escuchaba absolutamente ningún ruido.

La puerta de abrió de improvisto, sin pasos previos que dieran aviso, y sin sonido alguno de la manija.

¡Me importa una mierda que tu hijo esté enfermo, quiero esos expedientes para ayer!

Gritó Cosmas antes de cerrar la puerta de golpe y arrojar una gruesa carpeta sobre el escritorio, antes de fijar su mirada sobre el rostro de la chica, para luego examinarla de pies a cabeza antes de tomar asiento.

Tus piernas son demasiado delgadasfue lo primero que dijo antes de acomodarse y comenzar a revisar la carpeta, como si la presencia de la joven le importara en lo absoluto ¿Cómo vas a correr si necesitas perseguir a un mago tenebroso en una zona muggle? No te puedes desaparecer, tienes que correr, así que a partir de hoy quiero que salgas a correr media hora en la mañana antes de venir a trabajar y media hora en la noche antes de irte a dormir.

Comenzó a revisar las páginas de la carpeta aún sin invitarla a tomar asiento. Las hojas contenían historiales y fotografías con movimiento, tal parecía era la carpeta de alguno de sus casos.

¿Quién eres?preguntó de pronto Y sí, ya sé que te llamas Jane Penderwick y que, lamentablemente, serás mi nueva aprendizmencionó con tono de aburrimiento —. Ahora… ¿quién demonios es Jane Penderwick y por qué puñetera razón se merece que le comparta parte de mi tiempo?finalizó cerrando la carpeta para mirarle directamente a los ojos Convénceme de que vales la pena y puede que te invite a tomar asiento.

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Re: Cuando el alumno está listo, el maestro aparece II Iorwerth Cosas {Flashback}

Mensaje por Jane L. Penderwick el Jue Jun 01, 2017 11:15 am

Estaba examinando un objeto extraño -le recordaba a un clarinete pequeño lleno de botones- cuando la puerta se abrió súbitamente a sus espaldas, haciendo que pegara un salto a causa de la sorpresa. Se giró rápidamente y sonrió en cuanto vio entrar a Iorwerth Cosmas, tal como lo recordaba de la última vez, aunque él parecía ni haber notado su presencia. El grito hizo que Jane recuperara su expresión seria de inmediato, y siguió al auror con la mirada cuando este pasó de largo hasta su escritorio.

Esperaba alguna especie de introducción o al menos una mirada a modo de saludo, por eso parpadeó confundida cuando escuchó sus primeras palabras.
-¿Mis piernas? -repitió mientras bajaba la mirada, como si esperara encontrar algo extraño en ellas. Le parecían normales, aunque… ¿normales en comparación a qué? ¿Cuál era el estándar entre los aurores? Abrió la boca para decir algo, pero Iorwerth se le adelantó. Suponía que algo de razón había en sus palabras, o tal vez mucha, así que en vez de intentar refutar su afirmación como habría hecho con casi cualquier otra persona, se limitó a asentir firmemente con la cabeza, aceptando su instrucción.
-Sí, señor.

Se mantuvo donde estaba sin animarse a tomar asiento en la silla más cercana, pues hasta ahora el auror no le había invitado a hacerlo. Lo escrutó con la mirada mientras él hojeaba sus papeles, preguntándose qué estaría pasando por su mente y si acaso estaría intentando resolver un caso importante o algo así. Empezaba a ponerse ansiosa.
Su siguiente pregunta rompió el silencio y Jane lo agradeció internamente, pues no creía que podría aguantar mucho más de esa forma. Boqueó nuevamente y una vez más no alcanzó a responder antes de que Cosmas continuara. Las palabras de Francis resonaron en su cabeza al tiempo que las de Iorwerth llegaban a sus oídos, pues rápidamente la imagen que le había transmitido el encargado se hacía real frente a sus ojos.

Mentiría si dijese que no se había preparado para ese día. Aunque era más partidaria de la improvisación y creía que aquello se le daba bien, consideraba que ese día era demasiado importante como para no tomar ciertas precauciones. Así que había ensayado mentalmente qué respondería si le preguntaban por sus motivaciones, sus miedos o sus hobbies, pero no estaba realmente preparada para aquello. ¿Que quién era? Bueno, eso podía leerse en su historial, ¿no? Era Jane Penderwick, una bruja mestiza de 18 años que acababa de salir de Hogwarts. No, suponía que no era eso lo que el auror quería saber.

-Yo… -su voz sonó más temblorosa de lo que le habría gustado, y tuvo que carraspear. ¿Qué le podía decir? Tal vez contarle algo de su familia. No, no era eso lo que le había preguntado. ¿Sus gustos? ¿Quidditch tal vez? No, eso tampoco servía. Podría haber empezado con el típico discurso de querer un mundo mejor para todos, pero aquello sólo la habría dejado como una más del montón. Quería decir las palabras correctas y que Iowerth escuchara lo que esperaba, ¿pero qué era?

Su mirada fija en ella la intimidó y alentó a partes iguales. Finalmente, tras algunos segundos de reflexivo silencio, inspiró profundamente y volvió a hablar.
-Creo que sé lo que está pensando, señor Cosmas -dijo mirándolo a los ojos, sin saber de qué otra forma llamarlo-. Conozco esa mirada. Es la mirada que he recibido durante casi toda mi vida -la tensión que su cuerpo había acumulado fue liberándose poco a poco, pues sabía que ya había dado el primer paso y ahora no había marcha atrás. Sólo le quedaba ser sincera con él, pues no se le ocurría una idea mejor.
-Las personas me veían sin confiar en que lograría lo que me propuse, sin creer en mí. Y en parte fue culpa mía, porque he hecho muchas cosas mal -admitió abiertamente.
-Pero aquí estoy. He llegado hasta aquí porque esto es lo que realmente quiero -lo miró con convicción.

No sabía si había metido la pata o si iba por buen camino, pero eso ya no tenía mucha importancia.
-Soy una víctima más de la criminalidad del mundo mágico, ya que al igual que muchas otras personas, perdí a alguien que amaba por culpa de magos tenebrosos -dudaba de si sería buena idea mencionar un tema tan personal, pero sentía que debía hacerlo-. Y créame, es la peor cosa por la que he tenido que pasar y si de mí dependiera, haría que nadie en este mundo tuviese que sentir lo mismo. Sé que eso no es posible, pero sí puedo contribuir con mi granito de arena como lo hacen todos los aurores. Para eso he venido.

Pensó en mencionarle que él había sido su inspiración para elegir su camino, pero tal vez no era momento para ello. No quería que la viera como una aduladora o algo similar.
-Hay una razón por la que he logrado llegar hasta este punto, y es una buena razón -tragó saliva con cierta dificultad, tenía la garganta seca-. Le aseguro que esto valdrá la pena, que no le haré perder su tiempo, tan sólo… -miró la silla que tenía a un lado; nunca en su vida había deseado tanto que alguien le cediera el asiento. Luego sus ojos volvieron a los de Iorwerth.
-Deme la oportunidad de demostrárselo.



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Re: Cuando el alumno está listo, el maestro aparece II Iorwerth Cosas {Flashback}

Mensaje por Iorwerth Cosmas el Jue Jun 01, 2017 11:17 am

Levantó apenas la mirada cuando escuchó aquella respuesta afirmativa por parte de la chica. Casi la mira a la cara, pero él mismo se contuvo de hacerlo y se detuvo a medio camino para regresar la mirada a sus papeles como si estos fuesen mucho más importantes que una nueva mocosa alistada en la Academia de Aurores. Aunque, internamente, tuvo que reconocer que esa breve respuesta de sorprendió de manera favorable. Eran pocos los jóvenes que llegaban a aceptar las ordenes de sus superiores de buenas a primeras y eso era algo él valoraba. Iorwerth no se caracterizaba precisamente por una paciencia infinita, por lo que si alguien llegaba poniendo también de su parte, podía decir que se sentía hasta mínimamente agradecido, aunque no era hora de demostrarlo todavía.

Fue así que realizó su su siguiente pregunta, en parte poniéndole a prueba y en otra para conocer un poco más de la chica, por lo que le miró a la cara esperando su respuesta. Mas que interesado en lo que decía, deseaba ponerle bajo la presión del escrutinio de su mirada ante una pregunta que sabía él, no era muy fácil de contestar, pero quien no pudiese hacerlo, no era merecedor de su tiempo, tal y como había dicho.

Iorwerth alzó una ceja cuando la muchacha comenzó diciendo que conocía esa mirada ¿en serio? Se preguntó internamente, siendo absolutamente innecesario que lo expresara de manera verbal, pues sus ojos ya decían suficiente. No le creía.

Continuó escuchándole sin interrumpir, pero se notaba que evaluaba sus palabras como si Jane misma fuese parte de un caso de interrogatorio. No había frase de ella que no fuese desmembrada en su cabeza, por lo que al poco de que ella comenzara a hablar, el auror cogió una pluma y la enjuagó en tinta, para luego garabatear un par de palabras sobre uno de los pergaminos que tenía encima, aunque —muy curiosamente— jamás miró lo que escribía, ni sacó la vista de encima de los ojos de Jane por más de medio segundo.

Débil.

Fue su único veredicto cuando le llegó la hora de hablar, y entonces pasó a ponerse cómodo, apoyándose por completo en el respaldo de su silla, para luego girar sobre ésta hacia uno de los costados y juntar las yemas de sus dedos como si estuviese evaluando algo.

Toma asiento.

Dijo al final y apoyó uno de sus codos sobre uno de los posabrazos de su silla, para luego volver a mirarla a los ojos y deslizar su mirada también por sus hombros y sus brazos, hasta regresar a su rostro y resoplar profundamente.

Eres una chica muy guapa, Penderwick, y no, no te lo estoy diciendo como un cumplido. Lo digo como una barrera que tienes que romper. Te miro y lo único que veo es una chiquilla asustada que no sabe mucho de la vida, una cara bonita que apenas comienza a tener un cuerpo totalmente desarrollado y que aún no le ha sacado partido a su vitalidad. Tu carácter es débil, amasable, llegas a presentarte poniéndote el parche ante la herida, pensando inmediatamente en los defectos que ve la gente y eso te hace ver como una mujer de convicciones vacías… Si acaso aún una mujer…

Cerró entonces la carpeta que tenía por delante y la dejó de lado, para luego tomar su varita y hacer una floritura en el aire que provocó que dos botellas de agua saliesen de un pequeño mueble y se posasen una por delante de la chica y otra por delante de él.

Soy un mentor bastante difícil, Penderwick, lo sé. Yo no te voy a proteger, ni tampoco haré parte de tu trabajo para enseñarte como hacerlo. Conmigo sufrirás, más de alguna vez pasarás hambre o frío, coleccionarás cicatrices, querrás llorar, asesinarme y renunciar a todo… pero aprenderás… más que ningún otro si acaso te quedas a mi lado y, aún cuando sigas conservando tu esencia, habrán muchas cosas en ti que ya no serán las mismas. Te insultaré, te golpearé, te hechizaré y te echaré por delante, a la misma boca del lobo si es necesario. Esto ya no es como el Colegio en donde si te equivocas, puedes volver a empezar. La vida del auror es un juego constante en el que puedes ganar… o puedes morir. No hay términos medios. ¿Es esto lo que quieres?

FdR:

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Re: Cuando el alumno está listo, el maestro aparece II Iorwerth Cosas {Flashback}

Mensaje por Jane L. Penderwick el Jue Jun 01, 2017 11:20 am

Por fin Cosmas había levantado la mirada para fijarla en ella, y aunque en un principio aquello le resultó aliviante, luego sólo aumentó la presión que ya sentía sobre sí misma. Sin embargo no permitió que eso se le notara y se mantuvo firme mientras escuchaba las palabras del auror. Lo primero que dijo hizo que sus cejas se alzaran levemente en expresión de sorpresa, pero no dijo nada. Le hubiese gustado negarlo, decirle que no era débil, que siempre había sido una chica deportiva y que una persona débil no podría haber jugado al quidditch como ella lo hacía, ni mucho menos haber pasado las pruebas físicas que se requerían para iniciar el entrenamiento como auror… pero tras morderse la lengua y tener unos cuantos segundos para asimilar aquella palabra, se dio cuenta de que seguramente no era eso a lo que Cosmas se refería. Había sido bueno que no abriese la boca después de todo.

Hubiese podido dar un salto de alegría cuando Cosmas le ofreció tomar asiento, pero en aquel sitio y bajo esas circunstancias sentía que hasta una simple sonrisa estaría fuera de lugar. Así que se limitó a pronunicar un rápido "gracias" mientras se sentaba en la silla ubicada frente a él. Sintió cómo la examinaba con la mirada pero no cambió su semblante hasa que el auror volvió a hablar. Sólo entonces frunció un poco el ceño, no porque estuviese molesta sino porque aquella era una expresión usual en ella durante momentos como ese, cuando se encontraba concentrada y reflexiva. Y aunque trataba de hacerse la fuerte, no podía negar que esas palabras dolían un poco, principalmente porque eran verdad y la verdad a veces era así, dolorosa.

Respiró profundamente y buscó paciencia en su interior, era la primera vez que se veía expuesta a algo así. Bueno, era verdad que durante sus años escolares se había ganado muchos reproches de parte de sus profesores, pero era ese tipo de regañinas que te entran por un oído y te salen por el otro, quizás porque había sido demasiado inmadura en aquel entonces, o tal vez porque simple y genuinamente le importaba una mierda. En este caso era diferente; estaba hablando con una persona que admiraba de una forma que no podía si quiera explicar, después de todo tampoco podía decir que lo conociera, suponía que era algo similar a lo que sentían los muggles hacia los actores que tanto idolatraban, y bueno, que alguien así te dijera ese tipo de cosas no era exactamente fácil de digerir.

Las botellas de agua entraron en escena en el momento preciso, pues Jane empezaba a sentirse como una caminante perdida en el Sahara. Abrió una de las botellas rápidamente y le dio un buen trago a su contenido, pero tuvo que detenerse cuando Cosmas empezó a decirle lo que le esperaba, pues estuvo a punto de atragantarse. Lo último que necesitaba era acabar escupiéndole a su futuro mentor en la cara. Dejó la botella sobre la mesa mientras asentía con la cabeza, casi por inercia pues las palabras del auror la habían dejado un poco atontada. ¿Insultarla? ¿Golpearla? ¿Echarla a la boca del lobo? ¿Realmente había firmado para eso? Bueno, técnicamente no había firmado nada, pero tampoco se había detenido a pensar en los detalles que ahora Cosmas le señalaba. Y bueno, si vas a enlistarte en algo que podría quitarte la vida, no estaría mal recapacitar, ¿no?

Pero Jane no había llegado hasta allí por las casualidades de la vida, no estaba ahora sentada frente a uno de los mejores aurores de su época sólo porque sí, y no había pasado los últimos años de su vida con un único objetivo en mente sólo para echarse hacia atrás ahora. No, ella tenía una meta que cumplir… por su propio orgullo y por su hermano.
-Sí, esto es lo que más quiero -dijo tras un instante en el cual no dudó realmente, simplemente terminó de asimilar lo que Cosmas le había dicho-. Soy consciente de los peligros que conlleva este entrenamiento, y estoy dispuesta a correrlos si con ello tengo la oportunidad de lograr lo que me propuse -tal vez algún día se arrepentiría de lo que estaba diciendo, tal vez todas las cosas terribles que se imaginaba entonces no serían ni una fracción de lo que realmente le esperaba en el futuro, pero en ese preciso momento estaba más segura que nunca de sus palabras.

-Le aseguro… -empezó a decir después, pero luego cambió de palabra-, le prometo que haré todo lo que esté a mi alcance para no decepcionarlo -no supo exactamente a qué vino eso, simplemente sintió la necesidad de decirlo, y es que para ella todo ese proceso iba más allá de convertirse en el auror que deseaba llegar a ser; se había vuleto algo personal desde el momento en que supo que Iorwerth Cosmas iba a ser su mentor. No podía defraudarlo. Se quedó mirándole durante un instante mientras las preguntas llegaban a su mente una tras otra, sabiendo que no era la ocasión para responderlas todas. Pero podía empezar por alguna.
-¿Ya le habían designado a otros aprendices antes? -inquirió finalmente, esperando la respuesta con curiosidad. Suponía que sí, aunque no podía estimar cuántos. Principalmente le interesaba saber si alguno de ellos había muerto antes de terminar su entrenamiento.



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Re: Cuando el alumno está listo, el maestro aparece II Iorwerth Cosas {Flashback}

Mensaje por Iorwerth Cosmas el Jue Jun 01, 2017 11:21 am

La chica se veía nerviosa, pero no realmente intimidada. Iorwerth pudo notar incluso cuando Jane Penderwick comenzó a fruncir el ceño, pero no vio en ella ningún otro vestigio que pudiese considerarse como a punto de perder la razón, algo usualmente difícil de ver en los novatos de la Academia de Aurores. Todos llegaban creyendo que eran los verdaderos dioses de esta Tierra, que por haber superado las pruebas de admisión, conseguido las calificaciones necesarias para poder ingresar a aquella profesión de elite, ya eran unos Pros y lo sabían todo. Pero cuanto se equivocaban…

Abrió su botella de agua y dio también un trago de ésta ¡qué lejos se veían ahora aquellos días en que lo que preferiría beber era una botella de agua y no una botella de vino!

Iorwerth no dudó en decirle lo que esperaba de ella y en dejarle claro que aquel entrenamiento ya no sería como la escuela, ni que eran aceptables los errores. Claramente, hablaba de los entrenamientos prácticos, en terreno, con villanos reales, pues el mismo le había dicho que le gustaba el método de aprendizaje intenso. Primero le puliría, por supuesto, pero sería él mismo su enemigo y no un chiquillo de veinte años que aún vivía con sus padres.

Lo prometes.

Repitió sus palabras con renovado interés y le miró con los ojos entrecerrados, aquel grado de compromiso sonaba demasiado alto para lo que estaba acostumbrado a escuchar y francamente ya también estaba aburrido de niñerías y aprendices que decían que darían lo mejor de sí, para que luego acabasen llorando en una esquina porque les daban una paliza.

¿Estarías dispuesta a realizar un Juramento Inquebrantable?

Preguntó ésta vez sacando su varita, la cual era de una apariencia bastante particular, pues ni siquiera parecía haber sido diseñada con el clásico manejo de la madera que hacía Ollivanders, y es que su varita estaba hecha de madera de sauco y poseía como núcleo las escamas de un basilisco, algo que Jane no sabía, pero que el tallado sobre ella parecía representar como con pequeñas y delicadas escamas de madera.

Claro que he tenido otros aprendices, pero ninguno de ellos ha logrado finalizar su entrenamiento conmigo. No son malos aurores, pero son mediocres, se quedan con lo que tienen cuando podrían haber llegado mucho más lejos y… un par de ellos ha muerto por no haber aprendido lo suficiente, por supuesto, si hubiesen seguido conmigo estoy seguro que hubiesen sabido como enfrentarse a un Nundu.

Se puso de pie y volvió a tomar la varita con su mano, esta vez con la izquierda, mientras deslizaba la silla para regresarla a su lugar y guardar la carpeta en uno de los cajones de su escritorio.

Ultima oportunidad, Penderwick, te quedas conmigo o sales por esa puerta para pedir que te designen un mentor más blando.

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Re: Cuando el alumno está listo, el maestro aparece II Iorwerth Cosas {Flashback}

Mensaje por Jane L. Penderwick el Jue Jun 01, 2017 11:25 am

Cualquiera hubiese pensado que Jane no estaba considerando el peso real de sus palabras, y aunque quizás podía ser verdad en cierta medida, también había que tomar en cuenta que era una chiquilla de 18 años que apenas estaba empezando a insertarse en el mundo de los adultos. Una cosa sí era segura: la chica era testaruda y definitivamente no sería fácil amedrentarla. Iorwerth parecía analizar cada una de sus palabras y de las decisiones que directa o indirectamente estaba tomando en ese momento, y la ex-Gryffindor no pudo evitar sentirse como en una especie de juicio. Supuso que era una buena forma de prepararse para lo que vendría después, pues no dudaba de que en el futuro se vería sometida a situaciones de mucha más presión, pero eso no quitaba el hecho de que estuviese resultándole abrumador.

Cuando el auror sacó su varita los ojos de Jane se abrieron en muestra de sorpresa.
-Wow. Nunca había visto una varita así -dijo sin pensarlo demasiado, aún con la mirada fija en el pedazo de madera. Le hubiese gustado preguntarle más acerca de ella, de sus componentes y sus propiedades, pero nuevamente tuvo que recordarse que no era el momento, pues había temas más importantes que tratar. Ya surgiría una ocasión en el futuro… esperaba. Lo que dijo respecto a sus aprendices hizo que volviera a concentrarse en Cosmas, escuchando detenidamente y no sin algo de preocupación en la mirada. ¿Ninguno había terminado su entrenamiento con él? Eso dejaba la vara muy alta para Jane.

Por un lado estaba el hecho de que algunos aprendices incluso hubiesen muerto en el proceso y Cosmas no parecía tener ningún problema en decirlo, por otro lado sabía que ese nivel de exigencia podía ser una de los mejores alicientes para triunfar. Vamos, tampoco podía esperar que se hubiese convertido en el renombrado auror que era así como si nada. Debía haber algún ingrediente secreto para llegar tan lejos como lo había hecho él, y quizás era precisamente eso: una exigencia sin límites y no detenerse ante nada hasta llegar a ser el mejor. Siguió a Cosmas con la mirada cuando se puso de pie, sintiendo que la cúspide de su encuentro estaba a punto de llegar, aunque irónicamente aquel era apenas el comienzo.

-Un juramento inquebrantable -repitió sus palabras mirándole a los ojos desde donde estaba, sentada en su silla, y sin que aquello sonara como una interrogante. Más bien parecía estar tratando de asimilar la idea.
-Un contrato en el que me comprometo a dar todo de mí hasta finalizar mi entrenamiento… o morir de lo contrario -sabía cómo funcionaba aquel hechizo, lo había estudiado en Hogwarts. No esperaba una respuesta por parte de Cosmas a menos de que tuviese algo que corregir; su silencio sólo corroboraría sus palabras. Tal vez no tenía idea de lo que estaba haciendo, tal vez una persona más sensata se hubiese detenido a pensarlo por un momento, reflexionarlo con más calma o pedirle consejo a alguien más, pero Jane solía ser más impulsiva que prudente y esta no iba a ser la excepción.

Miró a Cosmas por un par de segundos, con los ojos levemente entrecerrados, y rápidamente se puso de pie.
-Hagámoslo -dijo con voz firme al tiempo que se ubicaba frente a él, lista para extender su brazo cuando fuese necesario. Sintió una sensación familiar en las entrañas, esa mezcla de nervios y ansiedad que se apodera de ti cuando estás a punto de hacer algo verdaderamente grande e importante. No sabía qué diría su familia cuando se enteraran de lo que estaba a punto de hacer, ni siquiera sabía qué pensaría ella misma cuando saliera de aquella oficina, pero nada de eso le parecía importante en esos momentos. Sólo sabía que si no se esforzaba al máximo para cumplir con su objetivo igual acabaría muriendo de todas formas, pues dudaba que alguien mediocre fuese capaz de sobrevivir a los riesgos de ser auror. Eso, extrañamente, no le parecía peor que renunciar a su sueño y fracasar voluntariamente.



FdR:
XD



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Re: Cuando el alumno está listo, el maestro aparece II Iorwerth Cosas {Flashback}

Mensaje por Iorwerth Cosmas el Jue Jun 01, 2017 11:29 am

Inevitablemente sonrió ante la sorpresa de Jane a causa de su varita. Debía de admitirlo, aunque no lo diría en voz alta, le gustaba su jovialidad y su frescura. Parecía una chica tan entregada a sus sentimientos del momento, a vivir el presente, que no se detenía a escatimar en lo que pudiese pensar el resto, mas no era que no le importase, es que simplemente actuaba primero y pensaba después.

De haber estado sido otro el momento, probablemente le hubiese hablado un poco de su varita, pues era una pieza que él también consideraba única y la trataba como tal. No se imaginaba una vida con otra varita, pues como cualquier mago, había afianzado un estrecho lazo con ella. Después de todo, había sido su varita la que le había elegido. Pero claro, aquel no era el momento, aquel era el instante en el que debía ponerla a prueba, por lo que no dudó en avaluar su compromiso con la propuesta de un Juramento Inquebrantable.

El auror se puso de pie y guardó la carpeta, volviendo a dejar toco tal y como estaba en un principio, quizás como había parecido estar siempre, pues el escritorio estaba completamente impoluto y parecía jamás haberse ocupado. Iorwerth rodeó aquel mueble y se acercó a Jane, quien hasta ese momento mantenía la mirada fija sobre él, mientras le hacía un breve resumen de lo que era un Juramento Inquebrantable.

Exactamente.

Señaló el irlandés, corroborando sus palabras, mas no dijo nada más, no lo veía necesario y si Jane era tan lista como para haber llegado hasta donde había llegado, de seguro no necesitaría más explicaciones. La pregunta era ¿se atrevería?

“Hagámoslo” dijo ella, poniéndose de pie.

Iorwerth volvió a sonreír, ya una segunda vez en aquella tarde, de seguro los otros aurores no se lo creerían si acaso Jane se los contara, le tratarían de mentirosa. Pero lo cierto es que Iorwerth comenzaba a sentir bastante cómodo con su nueva aprendiz. Jane no sólo le había demostrado un gran respeto y admiración desde el inicio, sino que también se había mostrado con una disposición increíble, incluso cuando se trataba de poner su vida en juego por ello y eso era algo que Cosmas francamente valoraba. Además, parecía auténtica y no necesitaba leer su mente para darse cuenta que no le estaba diciendo todo aquello para quedar bien con él, sino porque realmente lo sentía de aquella manera.

Dame tu manole pidió estirando la suya.

Tenerla de pie ante él, le hizo ver la diferencia de altura, la cual no era tan enorme, por lo que la muchacha no era ninguna enana. Bien entrenada, podía llegar lejos. Esperó así a que le cogiera la mano, para entonces estudiar su brazo y de paso dar un par de golpecitos por la parte baja de sus bíceps para corroborar flacidez. Entonces le miró a los ojos, iba a tener que hacer más ejercicio; no es que fuese una bolsa suelta, pero él esperaba más, siempre esperaba más.

¿Lista?

Alzó en ese momento su propia varita y entrelazó su brazo con el de ella, antes de darles un pequeño giro para comenzar con el hechizo. Iorwerth, por supuesto, no era ningún estúpido, sabía que necesitaba de un testigo y que de no haberlo, el hechizo no iba a surtir efecto, pero esperaba que ella no lo supiera, que se lo creyera y diera lo mejor de sí creyéndose en la obligación de hacerlo, más sólo era un simple placebo.

¿Tú, Jane Penderwick, juras ante mi, Iorwerth Cosmas, a entregar lo mejor de ti durante todo lo que deba durar tu entrenamiento? ¿Juras llegar hasta el final y no desistir en medio del camino?

Preguntó apuntando sus brazos entrelazados con su propia varita, creando el efecto de las finas lineas de fugo que parecían rodear los brazos en un Juramento Inquebrantable real, mientras esperaba que ella jurase y así dar el encantamiento por terminado.

Entonces, sería hora de empezar.

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Re: Cuando el alumno está listo, el maestro aparece II Iorwerth Cosas {Flashback}

Mensaje por Jane L. Penderwick el Jue Jun 01, 2017 11:30 am

El día en que le tocara contar aquel episodio a algún conocido, le hubiese gustado describir esa sensación como un aleteo de mariposas en el estómago. En cambio lo que realmente sentía dentro de ella era una estampida de mastodontes. Lo único que logró dejarla un poco más tranquila fue ver que Cosmas había sonreído no sólo una, sino dos veces desde que ella había entrado en su oficina. Esa debía ser una buena señal, ¿no? Estiró su brazo en cuanto el auror se lo pidió, y lo único que pudo pensar en ese momento fue "que no me sude la mano, que no me sude la mano". Ahora que tenía al hombre más cerca, casi se sentía un poco intimidada, aunque no iba a dejar que aquello se notara.

Su firme agarre le recordó lo que estaba haciendo, algo que muchos podrían haber considerado una locura o un pacto con el diablo. Pero no Jane. Ella sabía, desde que había tomado las pruebas para entrar a la Academia de aurores, que tendría que hacer muchos sacrificios y correr aún más riesgos. En ese momento estaba segura de lo que estaba haciendo. Sin embargo, casi se le cae la cara cuando Cosmas tanteó su brazo; no era una gelatina, pero seguramente cualquier otro auror del ministerio tendría más músculos que ella. Pero eso era algo de lo que se ocuparía después, y que sin duda resolvería, pues no había nada que no se pudiese conseguir con un poco de entrenamiento extra.

-Lista -repitió cuando Cosmas le preguntó si lo estaba, asintiendo con la cabeza y llenando sus pulmones de aire. Pasó la mirada desde él hacia sus brazos ahora unidos, viendo como unos finos y brillantes hilos de magia los recorrían al tiempo que el auror pronunciaba el juramento. Era la primera vez que era testigo de un juramento inquebrantable; había aprendido la teoría en Hogwarts, pero obviamente no lo había realizado ella misma jamás, ni tampoco había visto a otros hacerlo. Las palabras de Cosmas resonaron en sus oídos como si fuesen sagradas, y estaba segura de que las oiría a diario durante los próximos años, en su mente o en sueños.

-Lo juro -prometió con solemnidad luego de que el hombre hiciera su última pregunta, ahora mirándolo a los ojos, y así el pacto fue cerrado. Las líneas mágicas desaparecieron, sus brazos se soltaron y Jane volvió a observar la mano con la que había hecho el juramento, abriendo y cerrándola como si sintiera algo extraño en ella, y es que en realidad así era. ¿O acaso se estaba sugestionando? Porque estaba segura de que una especie de cosquilleo le había recorrido desde la punta de los dedos hasta el hombro. Tampoco es que eso importara en absoluto, pues ya estaba hecho y cualquier efecto colateral que aquel hechizo tuviera en ella era ahora su responsabilidad.

Acababa de dar un paso muy importante y se sentía bien. El nerviosismo que se había apoderado de ella momentos atrás había desaparecido para dar paso a una sensación de orgullo que algunos podrían haber considerado ridídculo, pero era genuino. Miró a Cosmas y le sonrió satisfecha; no sabía si a él le parecería gran cosa, pero había sido una decisión importante para ella y tenía el derecho de alegrarse por ello incluso si resultaba un poco infantil, ¿no?
-¿Cuándo empezamos? -preguntó tras un instante, suponiendo que la citaría para el día siguiente o algo así. No sabía bien cómo funcionaría su entrenamiento, pero imaginaba que empezarían con lo teórico como en la mayoría de los cursos.



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Re: Cuando el alumno está listo, el maestro aparece II Iorwerth Cosas {Flashback}

Mensaje por Iorwerth Cosmas el Jue Jun 01, 2017 11:34 am

La notaba nerviosa, pero aún así decidida. No era algo que viese frecuentemente entre los discípulos que había tenido y no sabía aún si aquello sería algo bueno o algo, pues podría ser realmente alguien que estaba tan segura de sí misma que no iba a fallar o que realmente fuese una tonta que actuaba sin pensar. Fuese lo que fuese, iba a descubrirlo, pues ya se lo había propuesto.

Le miró directamente a los ojos mientras de su propia boca salía el juramento que Jane debía hacer y ella también le miró, como si quisiera decirle y demostrarle que realmente no tenía dudas. Fue ahí, cuando ya estaba todo jurado, que las delicadas hebras de fuego desaparecieron de sus brazos e Iorwerth le miró por un par de segundos más, antes de soltarle.

El auror se guardó la varita en el bolsillo de su túnica y le miró de soslayo mientras ella abría y cerraba su mano, como si aún sintiese la huella del hechizo “Flare” (inventado por él mismo) sobre su brazo. Por supuesto, el hechizo había sido completamente controlado, aunque se sentía sumamente satisfecho de haber podido usar de aquella manera, pues hasta ese momento siempre lo había utilizado como un látigo de llamas, sumamente ofensivo.

Ahora mismorespondió sin dudarlo y se dirigió hacia la puerta —. Sígueme.

Le guió hacia las afueras de su oficina, pero se detuvo para abrir la puerta y dejarle pasar a ella primero para luego seguirla y volverle a precede. Fuera de la oficina, había un par de aurores que se notaban habían estado pendientes de la puerta para cuando ésta abriera, por lo que se quedaron mirándoles por un momento antes de intentar disimular y fingir que conversaban entre ellos.

Señor Cosmassaludaban algunos al pasar, e Iorwerth sólo se molestaba en mirarles y aquello parecía ser suficiente.

Ya Jane, con el tiempo, se daría cuenta que el auror no era muy asiduo a las relaciones interpersonales, que apenas se relacionaba con sus compañeros, que probablemente fuese por eso que parecía ser el único con oficina privada. No era alguien que saliese de copas un día viernes para aprovechar algún Happy Hour con los compañeros de trabajo, pues el irlandés era más bien un devoto al trabajo y al desarrollo profesional, alguien que no tenía novia y que tampoco parecía tener amigos, aún a pesar de que en ese instante pareciera no tener más de treinta años (precisamente tenía veintinueve).

Tomaron uno de los ascensores y bajaron un par de pisos. El auror parecía tan serio e inmóvil que cualquiera que pasase podría confundirle con un maniquí. Así llegaron a su parada y Cosmas le guió por otro de los pasillos, hasta llegar a una puerta, la cual volvió a abrir para cederle la pasada, antes de entrar tras de ella.

Era una especie de salón enorme, tan despejado y amplio que parecía un estudio de ballet muggle, aunque bastante más oscuro. Había muchas columnas para soportar el techo, pues su amplitud podía perfectamente medir lo que una cancha de soccer y no había murallas de por medio. Por aquí y por allá, habían algunos magos luchando, enfrentándose a duelo los unos con los otros, pero poco a poco comenzaron a dejar de pelear entre ellos para quedarse mirando a Iorwerth y nueva compañía.

Este es el gimnasio de entrenamiento. Está diseñado para que los hechizos que aquí se lancen no causen mayor daño a la estructura del Ministerioexplicaba mientras los curiosos comenzaban a acercarse . Es un lugar en donde perfectamente te puedes echar a duelo sin preocuparte de nada, y el gimnasio de entrenamiento físico está en la puerta que cruza el pasillo por donde entramosseñaló hacia la puerta, antes de sacar su varita y comenzar a retroceder . Ahora veremos lo que tienes.

Todos los curiosos alrededor sonrieron impacientes, parecía como si hubiesen esperando la llegada de una novata a aquel espacio de combate o, lo que era mejor, una novata frente a Iorwerth Cosmas.

El auror hizo una pequeña reverencia y movió su varita.

Iacio sagittas.

Inmediatamente, varias flechas salieron inmediatamente expedidas hacia Jane, si la aprendiz pensaba que aquello iba a ser lo que acostumbraba llamar un duelo amistoso, estaba muy equivocada.

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Re: Cuando el alumno está listo, el maestro aparece II Iorwerth Cosas {Flashback}

Mensaje por Jane L. Penderwick el Jue Jun 01, 2017 11:35 am

No pudo evitar mostrarse un tanto sorprendida cuando Cosmas le informó que empezarían en ese mismo momento. Sin embargo no perdió su actitud de entusiasmo y lo siguió en cuanto se lo pidió, preguntándose hacia dónde la llevaría pero sin inquirirlo en voz alta. En realidad no le dijo nada en todo el recorrido, simplemente caminó a su lado mirándolo de reojo cada cierto tiempo y prestando atención a cómo reaccionaban los otros aurores con los que se topaban en los pasillos a medida que avanzaban. Cosmas apenas les dedicaba alguna que otra mirada, pero la mayor parte del tiempo mantenía la vista hacia el frente, siempre en silencio. Se notaba que sus colegas lo respetaban, aunque otros más bien daban la impresión de temerle.

Subieron a un ascensor que no tardó en iniciar su descenso y el ruido de sus pasos fue reemplazado por un completo silencio. Jane observó al auror por un segundo, que de pronto parecía más una estatua que una persona, y luego bajó la vista hacia sus pies. A veces se desesperaba cuando el silencio era demasiado grande, especialmente cuando había otros a su alrededor. Y le picaba la garganta, pero ni siquiera se atrevió a carraspear. Finalmente el ascensor se detuvo, las puertas se abrieron y ambos salieron para volver a recorrer otro pasillo que terminaba en una puerta que definitivamente nunca había cruzado. El ministerio se le antojaba cada vez más y más grande y algo le decía que esa impresión continuaría por un tiempo más, hasta que terminara familiarizándose con todo el edificio.

Cosmas le permitió entrar primero, y al hacerlo la joven separó sus labios con cierto asombro, pues había esperado encontrarse con otra oficina o alguna especie de salón de clases, pero aquello era una verdadera sala de entrenamiento bastante grande y algo oscura. "Así que empezaremos directamente con la práctica", pensó mientras sus ojos recorrían la estancia. Aquello sólo le hizo sentir aún más emoción, pues siempre había sido mejor con la varita que con los libros. Otros magos y brujas que se encontraban allí practicando se detuvieron y poco a poco fueron acercándose hacia ellos, al tiempo que Cosmas le mencionaba un par de cosas acerca del sitio.

Pudo sentir la expectación de los curiosos que se habían reunido a su alrededor, y no podía negar que se hubiese sentido más cómoda sin ellos. Sin embargo no iba a dejar que aquello influenciara su rendimiento. ¿Querían ver de qué estaba hecha Jane Penderwick? Ahora se los demostraría a todos. Cosmas ya había sacado su varita y Jane hizo lo mismo; se sintió mucho más segura con aquel pedazo de madera rojizo entre sus dedos, como si de pronto sintiera las reconfortantes palabras de aliento de una vieja amiga. Lo que no sabía en realidad, porque no estaba pendiente de los otros, era que muchos habían empezado a cuchichear e intercambiar comentarios de duda e incluso alguna que otra risita.

La rubia se posicionó con la varita por delante, con los ojos fijos en su ahora maestro y pendiente de sus movimientos. En lo que había tardado en parpadear una sola vez, un puñado de flechas había salido desdepdido de la varita del auror, directamente hacia ella y a gran velocidad.
-¡Ventus! -conjuró de inmediato con un movimiento de la varita hacia un lado, haciendo que una ráfaga de viento desviara los proyectiles. Había tenido suerte de reaccionar a tiempo, pues las puntas de las flechas se habían clavado firmemente en la pared y no en su cuerpo. Con el ceño levemente fruncido y un gesto de incredulidad e indignación, pasó la mirada desde las flechas hasta Cosmas.
-¡Podrían haberme atravesado la cara!

El auror lo sabía, por supuesto que lo sabía. De eso se trataba todo. Pero Jane había supuesto que empezaría con algún hechizo más suave, o al menos uno que conociese. Este, obviamente, era un error suyo y no de él; rápidamente se daría cuenta de que ya no estaba en Hogwarts y que Cosmas no era como sus profesores del colegio.
-Flipendo -apuntó hacia el auror con su varita sin perder más tiempo, pero el hombre esquivó su hechizo sin dificultad alguna-. Expelliarmus -si lograba desarmarlo claramente tendría una gran ventaja, pero nuevamente Cosmas bloqueó su ataque a pesar de estar perfectamente conjurado. Aquello era demasiado frustrante.
-¡Agh! ¡Depulso! -no, no podía quedar como el hazmerreír de los aurores. Joder, ¡recién estaba empezando!



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Re: Cuando el alumno está listo, el maestro aparece II Iorwerth Cosas {Flashback}

Mensaje por Iorwerth Cosmas el Jue Jun 01, 2017 11:38 am

Y la chica conjuró un ‹‹Ventus››, algo que a Iorwerth le sorprendió buenamente, por lo que acabó haciendo un gesto de aprobación mientras observaba como su flechas eran desviadas hacia la pared. Sin embargo, cuando ella se detuvo para gritarle que podían haberle atravesado la cara, no sólo Iorwerth, sino también el resto de los espectadores se echaron a reír.

No hay nada que no arregle San Mungo.

Respondió el auror tan fresco como si estuviese hablando del clima y no de un hechizo que podría haber causado una herida mortal. Le hubiese hecho algún apunte, pero la novata tuvo la determinación de volver a alzar la varita, por lo que Iorwerth también volvió a alzar su guardia y se llevó la mano izquierda hacia atrás de la espalda, mientras desviaba los hechizos con la derecha y los otro aurores cuchicheaban alrededor dejando escapar varias sonrisitas.

Entonces Iorwerth hizo una pequeña mueca de fastidio y meneó la cabeza antes de adelantarse un paso y asestar hacia delante la varita, como si fuese una especie de espada. No dijo nada, pero de ella salió un rayo luminoso y al segundo siguiente Jane caía inconsciente a causa de un ‹‹Desmaius›› no verbal. Recuperaba entonces la conciencia, estaba en el piso y apenas se iba poniendo de pie, un ‹‹Petrificus totalus›› le golpeaba el costado, haciéndole caer una vez más, pero tan rápido como toco el piso, Iorwerth le liberaba de nuevo del hechizo ante las carcajadas de todos, sin embargo el auror no reía. Una vez más ella se iba poniendo de pie y esta vez salía expedida por el aire a causa de un ‹‹Expulso›› hasta chocar con la muralla trasera y trizar los espejos, dejando varios trozos quebrados.

Esta vez si le dio tiempo de ponerse de pie y se quedó mirándole con seriedad, para luego dedicar una mirada de pocos amigos al resto de los aurores que se reía, los cuales comprendieron inmediatamente que debían de guardar silencio.

¿Cuántas veces te habría matado hasta ahora si hubiera querido?le preguntó mirándole directamente a los ojos Deja de pensar en los hechizos que vas a lanzar, deja de repasar los cursos de Hogwarts y comienza a actuar como si esto fuera real Jane. Debes ser mas rápida, ese segundo que usas en pensar cual será tu hechizo, olvídate de él ¡Sólo hazlo! Y olvídate también de que voy a darte el tiempo de ponerte de pie, pues en la vida real no lo tienes. Ahora, intenta imposibilitarme de atacar, por Merlín, o yo mismo me voy a encargar de darte tu primera cicatriz.

Le dijo con tono amenazante antes de hacerla volar por los aires una vez más y otra más.

¡VAMOS JANE!

Rugió el hombre como un verdadero león haciendo que todo se estremeciera, para luego volver a atacarle con otro ‹‹Desmaius››. Sin embargo, esta vez ella sí logro esquivarle, mas Iorwerth no se detuvo a felicitarle y atacó una vez más, y las fuesen necesarias para hacer que se soltara.

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Re: Cuando el alumno está listo, el maestro aparece II Iorwerth Cosas {Flashback}

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